Guía: Valoración de ATM y dolor mandibular en Valencia: qué revisamos cuando duele al masticar, la mandíbula hace clic o se bloquea
Valencia, 06.10.2026, por la Dra. Veronika Strauchs, Odontóloga · veroDENT
En resumen:
Si te duele la mandíbula al masticar, oyes chasquidos en la articulación temporomandibular (ATM), notas bloqueos o te cuesta abrir la boca, puede haber una disfunción craneomandibular (DCM, en inglés TMD). No es un único problema: puede afectar a los músculos de la masticación, a la propia articulación o a la forma en que encajan los dientes, y a menudo a varios a la vez. Por eso el primer paso no es una férula “por si acaso” ni un retoque de la mordida, sino una valoración de ATM y dolor mandibular individual y ordenada.
En veroDENT, en Valencia, la Dra. Veronika Strauchs dedica gran parte de su consulta al diagnóstico funcional y al tratamiento de la ATM. Se formó en Odontología en la Universidad de Ratisbona (Alemania), realizó un Curriculum específico en Disfunción Craneomandibular en Fráncfort (2022–2023) y ha trabajado como odontóloga responsable con dedicación especial a la DCM y la ortodoncia. En su valoración examina articulaciones, músculos, mordida y función mandibular siguiendo las guías clínicas. El objetivo es claro: saber qué estructura origina las molestias y elegir, primero, tratamientos reversibles y bien indicados.
El problema en detalle: qué es una disfunción craneomandibular
Las sociedades científicas definen la disfunción craneomandibular como dolor y/o disfunción en la zona de la mandíbula. El dolor puede aparecer como dolor de los músculos masticatorios, dolor de la articulación o dolor dental causado por sobrecarga (por ejemplo, al apretar). La disfunción puede manifestarse como limitación del movimiento, movilidad excesiva o falta de coordinación, como alteraciones dentro de la articulación (con o sin dolor) o como contactos dentarios que interfieren en el movimiento.
Dicho de forma sencilla, “tengo ATM” no es todavía un diagnóstico. La clasificación diagnóstica interdisciplinar más reciente lo expresa así: el término DCM solo indica dónde está el problema, no qué ocurre. Engloba síntomas muy distintos, dolorosos y no dolorosos, que necesitan tratamiento o no. Esta clasificación ordena los casos en cuatro grandes grupos:
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Origen muscular (miopatía): tensión o dolor en los músculos que mueven la mandíbula.
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Origen articular (artropatía): cambios en el disco o en las superficies de la articulación.
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Origen oclusal (oclusopatía): problemas relacionados con la mordida y los dientes.
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Comorbilidades: otros factores que influyen, como el estrés, la ansiedad o el dolor crónico.
Los síntomas más frecuentes
Molestias al masticar
Suelen deberse a sobrecarga muscular o a irritación de la articulación. Un movimiento limitado o asimétrico, con o sin dolor, puede indicar que el componente principal es muscular.
Chasquidos
El clic típico aparece cuando el disco articular se ha desplazado hacia delante y, al abrir la boca, el cóndilo mandibular vuelve a “montarse” sobre él. Es lo que se llama desplazamiento discal con reducción.
Bloqueos
Algunas personas notan que la mandíbula se queda “enganchada” un momento y la liberan con un pequeño movimiento. Detrás suele haber un disco muy móvil con ligamentos alargados que queda atrapado de forma intermitente; si la articulación duele, la causa suele ser una inflamación de la membrana sinovial (sinovitis).
Limitación de la apertura
Según los criterios internacionales, hablamos de limitación cuando la apertura (distancia entre los bordes de los incisivos más el solapamiento vertical) es inferior a 40 mm. Por encima de ese valor no se considera limitación, aunque la persona la sienta así. Para comer, una distancia entre incisivos de al menos 30 mm puede bastar, pero los pacientes viven esa reducción como una molestia importante.
¿A quién afecta?
No solo a adultos: Un estudio sueco con 28.899 jóvenes de 12 a 19 años encontró síntomas dolorosos de DCM en el 4,2 %. La frecuencia aumentaba con la edad y era claramente mayor en chicas (6 %) que en chicos (2,7 %). También existe una relación con el bruxismo: la guía S3 alemana sobre bruxismo (2026) recoge que las personas que aprietan o rechinan presentan con más frecuencia dolor muscular o articular, dolor de cabeza y tensión muscular.
Las preocupaciones de los pacientes
En consulta escuchamos dudas que se repiten. Conviene responderlas con datos.
Si me hace clic, mi articulación se está estropeando.
No necesariamente. La literatura internacional señala que un desplazamiento discal con reducción, sin dolor y sin problemas de función, no requiere por sí solo tratamiento con férula. Lo mismo vale para un clic ligamentoso sin otros hallazgos o para cambios articulares ya adaptados, siempre que no haya una afectación psicosocial relevante. Un chasquido indoloro suele ser un hallazgo que se vigila, no una urgencia.
¿Me quedaré con la boca bloqueada para siempre?
Los bloqueos intermitentes casi siempre se resuelven solos con un movimiento de compensación. Incluso cuando el disco ya no vuelve a su sitio, muchos pacientes recuperan con el tiempo una movilidad normal; si no hay síntomas, normalmente no hace falta tratar. Según la guía S3 sobre resorción condilar idiopática, en el desplazamiento discal sin reducción solo en casos más bien raros es necesaria una intervención invasiva para aliviar las molestias.
Seguro que tengo que operarme o cambiar toda la mordida.
Es uno de los mitos más extendidos. La guía alemana sobre férulas oclusales (2024) recuerda que las medidas protésicas o restauradoras para tratar la DCM solo son necesarias en excepciones muy poco frecuentes y justificadas.
Me duele también la cabeza, el cuello o el oído. ¿Tiene que ver?
Puede ser. Con frecuencia coexisten molestias en la cabeza (oídos, cara, ojos) o en zonas vecinas como el cuello y los hombros, aunque no siempre hay una relación de causa y efecto. Por eso, los dolores intensos, duraderos o que afectan mucho a la vida diaria deben distinguirse de otros dolores orofaciales y, si hace falta, valorarse junto con otras especialidades médicas.
Cómo es una valoración de ATM y dolor mandibular
Las guías consideran que el diagnóstico funcional es requisito previo para cualquier tratamiento individual. Su objetivo es identificar los síntomas principales y las estructuras afectadas, y distinguir qué componente predomina: muscular, articular, oclusal o comorbilidades.
En la práctica, la valoración incluye:
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Entrevista clínica: Cuándo empezaron las molestias, cómo son, qué las empeora, si hay bloqueos, hábitos de apretar o rechinar, estrés y calidad del sueño. Los trastornos del sueño pueden aumentar tanto la tensión muscular como la percepción del dolor.
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Exploración de los músculos masticatorios y accesorios, con palpación de puntos dolorosos.
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Exploración de las articulaciones: palpación y auscultación para identificar clics o crepitación (un roce áspero que puede indicar cambios dentro de la articulación).
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Medición de la movilidad mandibular: apertura, lateralidad y avance, observando su amplitud y simetría.
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Análisis de la mordida: contactos prematuros, interferencias al deslizar y signos de desgaste.
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Cribado de factores de riesgo: estrés excesivo, ansiedad, depresión o dolor cronificado, tal como recomiendan las guías.
¿Y las pruebas de imagen?
La resonancia magnética (RM) permite confirmar un desplazamiento del disco cuando hay sospecha clínica. Pero no sustituye a la exploración: un dolor muscular o articular también puede limitar la apertura y, en la imagen, interpretarse por error como un problema del disco.
Estado actual del conocimiento: distintas opiniones
El papel de la mordida: un debate abierto
Durante décadas se pensó que una mala mordida era la causa principal del dolor mandibular. Hoy el panorama es más matizado. La guía alemana sobre análisis funcional instrumental (2022) reconoce que la oclusión como factor desencadenante se discute de forma controvertida a nivel internacional. Al mismo tiempo, subraya que el dolor de origen funcional es multifactorial y que rara vez es necesario remodelar, tallar o reconstruir sistemáticamente las superficies de los dientes para tratarlo. Por eso, si se sospecha una DCM antes de colocar una prótesis, la guía recomienda un tratamiento funcional previo, por ejemplo con férula, en lugar de copiar sin más la mordida actual.
Férulas: útiles, pero no para todos
Los metaanálisis muestran que las férulas para molestias musculares y articulares reducen el dolor de forma significativa frente a férulas placebo o a no tratar. En dos estudios, alrededor del 60 % y el 62 % de los pacientes tratados con una férula de relajación lograron reducir al menos a la mitad la intensidad y la frecuencia del dolor. Con solo terapia de relajación, la cifra fue del 17 % y el 32 %, y con una breve explicación, del 23 %. Sin embargo, la apertura de la boca no mejoró. Hay matices importantes. En un ensayo aleatorizado, añadir una férula a un tratamiento multimodal (ejercicios musculares, terapia cognitivo-conductual, autocuidado y manipulación mandibular) no aportó un efecto adicional. Una revisión sugiere que los pacientes con mayor carga psicosocial son los que más se benefician de tratar también esos factores junto con la férula.
Férulas de reposición: expectativas realistas
En algunos casos de clic doloroso o bloqueo intermitente se usan férulas que adelantan ligeramente la mandíbula (férulas de reposición). Justo después de colocarlas, la RM muestra una relación disco-cóndilo normal en un 74–92 % de los casos, pero los controles al año revelan cada vez más fracasos. Por eso, hoy se emplean sobre todo para aliviar el dolor y descargar la articulación durante un tiempo limitado, no para “recolocar” el disco de forma permanente. El propio nombre induce a error: la férula permite que el cóndilo vuelva a pasar bajo el disco, pero no garantiza que este se reponga.
Conclusión del debate
Las guías coinciden en el criterio: tras el diagnóstico, primero información y asesoramiento, después pautas de autocuidado según el componente predominante y, en el centro del tratamiento, terapias reversibles, preferibles a los procedimientos dentales invasivos. Las medidas irreversibles de ortodoncia, prótesis o cirugía deben reservarse para indicaciones estrictas, como causas esqueléticas o la pérdida de apoyo en las zonas posteriores.
Soluciones: un plan según tu diagnóstico
La guía de 2024 recomienda definir los objetivos del tratamiento y explicar sus posibilidades, límites y consecuencias para decidir juntos, paciente y profesional. Las opciones, según el caso, son:
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Información y autocuidado: hábitos que protegen la mandíbula, ejercicios propios y autoobservación (por ejemplo, detectar cuándo aprietas los dientes durante el día).
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Férula oclusal individual: sola o dentro de un tratamiento combinado, con el objetivo de aliviar los síntomas y con una indicación concreta. Si se va a llevar más de un mes, debe ser preferiblemente de resina dura, cubrir todos los dientes de la arcada y apoyar todos los dientes antagonistas posteriores. Requiere revisiones para ajustarla y valorar su efecto.
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Fisioterapia: para la práctica clínica se recomienda combinar terapia manual y ejercicios en casa. Según el caso, se trabaja para recuperar movilidad, controlar una hipermovilidad, reducir espasmos musculares o calmar la inflamación. En la limitación de apertura, la férula combinada con ejercicios dio mejores resultados que la férula sola.
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Medidas complementarias: según el caso, fisioterapia física, uso breve de medicación, biofeedback o apoyo psicoterapéutico, en coordinación con otros especialistas cuando el dolor es crónico.
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Cirugía: solo en casos seleccionados, empezando por técnicas mínimamente invasivas como la artrocentesis o la artroscopia; las intervenciones abiertas se reservan para fases avanzadas.
Un detalle tranquilizador: cuando la férula alivia los síntomas, en la mayoría de los casos se puede ir dejando de usar poco a poco. El hecho de que mejore no justifica por sí solo una rehabilitación definitiva de la mordida.
Resumen
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El dolor al masticar, los chasquidos, los bloqueos o la apertura limitada pueden venir de los músculos, de la articulación, de la mordida o de varios factores a la vez.
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Un clic sin dolor y sin problemas de función normalmente no necesita tratamiento, solo control.
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La valoración de ATM revisa articulaciones, músculos, mordida y movimiento para saber qué falla y por qué.
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El tratamiento empieza por opciones reversibles: información, autocuidado, férula bien indicada y fisioterapia.
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Tallar los dientes, cambiar toda la mordida u operar es necesario muy pocas veces.
Si tienes molestias en la mandíbula, la Dra. Veronika Strauchs te atiende con cita previa en veroDENT.
Puedes pedir cita en el teléfono +34 962 324 155, por WhatsApp en el +34 613 834 469 o en www.vero-dent.es.
(Este artículo es informativo y no sustituye una valoración clínica individual.)
